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Padre aplicando la disciplina positiva
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Disciplina positiva | ¿Cómo promover actitudes positivas en los niños?

Disciplina positiva consiste en educar a los niños con una actitud de amabilidad, empatía y firmeza. Aplicada en la escuela conducirá al desarrollo de mejores personas.

La disciplina positiva es una metodología educativa planteada por primera vez por Alfred Adler, en la segunda década del siglo XX. Este era un aventajado discípulo del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Rudolf Dreikurs, que a su vez fue alumno de Adler, compartió esta teoría con docentes y psicólogos en Estados Unidos. Posteriormente, ya casi a finales de siglo, Jane Nelsen y Lynn Lott, tomaron la idea y fundaron la Asociación de Disciplina Positiva, institución que ha promovido dichos principios a nivel mundial.

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La disciplina positiva crea una conciencia más amplia acerca de los sentimientos y emociones sobre las cuales se basan las prácticas docentes. Además, permite asimilar de qué manera esta situación influye de manera significativa sobre el crecimiento, desarrollo y conducta de los niños. Y también, ayuda a entender las razones por las cuales los pequeños se comportan inadecuadamente, generando actitudes y creando estrategias mejores para la interacción entre las personas.

Para los profesionales que se sienten identificados con este concepto, dicha filosofía parte del principio del respeto mutuo que tiene que existir entre educandos y educadores. Su objetivo final es guiar a los niños a que experimenten un desarrollo integral basado en valores positivos. Esto permitirá que se conviertan en adultos felices, que mejoren las condiciones de su entorno y por ende, de la sociedad. La idea es crear habilidades eficaces para una mejor comunicación y una solución más armónica y considerada de los conflictos.

Fundamentos básicos de la disciplina positiva

Lograr los objetivos planteados, ofreciendo un sistema que no incluya gritos, desplantes, amenazas ni castigos, será posible si se establecen en las escuelas las siguientes bases:

  • Conexión. Se trata de que los maestros entiendan y acepten los sentimientos manifestados por los niños; sin importar su naturaleza. Y que, a su vez, sean capaces de guiarlos a una gestión más positiva de esas emociones. Esto implica no decirles nunca más: no llores, no está pasando nada grave. Porque para el pequeño, la situación o el problema que vive si es importante. En su lugar, debe escuchar y tratar de entender, conectando con la otra persona como un igual.
  • Respeto. Esto implica aceptar que cada niño es único y por tanto, sus necesidades (físicas y mentales) también lo son. Los pequeños aprenden a ritmos diferentes las distintas competencias que enfrentan en la escuela. Los que son más rápidos en matemática, quizás tienen problemas con las destrezas requeridas para la educación física o viceversa. Por tanto, es insensato pretender que todos alcancen las mismas metas. El maestro debe guiar para que cada estudiante de lo mejor de sí mismo.
  • Límites y reglamentaciones. Estos deben ser fijados con cuidado, para no desplazar el equilibrio hacia ningún extremo. La amabilidad y el respeto al hablar a los niños debe combinarse con la firmeza requerida para no darles una permisividad dañina. El exceso de libertad puede ser tan contraproducente como la ausencia de esta.   
  • Autonomía. El sistema educativo tradicional enseña a los niños que equivocarse o cometer errores es malo y, en consecuencia, se les castiga con una baja calificación. De esa manera se pierde la oportunidad de enseñarles a asumir sus responsabilidades, a madurar con sabiduría y a que aprendan la mayor cantidad de temas por su propio esfuerzo. Errar no es fracasar es buscar la forma de hallar la solución a los problemas.

¿Por qué los métodos punitivos no funcionan?

La educación coercitiva que todos conocemos está representada por un maestro y sus alumnos. El primero es una figura de autoridad en el tope, que impone sus criterios a los segundos, localizados en la base de la estructura jerárquica. La disciplina positiva no utiliza métodos punitivos de ninguna naturaleza (corporales o emocionales) por cuanto, estos representan:

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  • Solución cortoplacista. Gritos y castigos ofrecen una respuesta instantánea, no duradera. Esto es debido a que el niño teme la ira del maestro, pero no significa que ha entendido cual fue su error. Además, esta represión abusiva genera emociones negativas como rencor, vergüenza y timidez, lo que no ayuda al desarrollo del pequeño como persona. Más que una corrección es una venganza de parte del adulto.
  • Falta de respeto. La humillación pública hace que el niño se sienta incompetente inferior, y frustrado. Se le impone una sumisión forzada y se crea un entorno desagradable y atemorizante. A su vez, puede que asimile la lección y entienda que la agresión es adecuada, por lo que a futuro la utilizará con otros. En especial, con aquellos que queden por debajo de él en una estructura jerárquica: subordinados, hijos y a veces, hasta el cónyuge. 
  • Sumisión a todo nivel. Las técnicas punitivas pueden generar a largo plazo una sumisión indeseable. Si de niño se ha visto obligado a recibir órdenes sin poder opinar, de adulto pudiera llegar a ser una persona que no reacciona cuando debe hacerlo. Eso podría conducirlo a malas juntas, a ser abusado en el trabajo o en el hogar, al consumo de drogas, etc. Toda una serie de consecuencias indeseables que alcanzan a quien nunca aprendió a defender sus derechos. 

Por último, la disciplina positiva nos trasmite el principio básico de Montessori: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. A los niños hay que proveerles un entorno apropiado para que desarrollen sus alas. Sin darles una excesiva libertad, se les debe guiar al desarrollo a su propio ritmo de capacidades y competencias. El sistema educativo debería ser capaz de proporcionarles distintas alternativas para que elijan aquellas que mejor combinen con sus gustos e intereses.

Bibliografía:
  1. Shoshani, A., & Slone, M. (2017). Positive Education for Young Children: Effects of a Positive Psychology Intervention for Preschool Children on Subjective Well Being and Learning Behaviors. Frontiers in psychology8, 1866. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01866

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Aarón J. Espinoza

Aarón J. Espinoza

El Licenciado Aarón J. Espinoza es Psicólogo Clínico.
EMDR Practitioner del EMDRIA de New York y
Coordinador Nacional de Apoyo Psíco Social de la Cruz Roja Venezolana.

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