Mente Asombrosa
La apología al delito desde el cine y la promoción de villanos
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Villanos en la gran pantalla | ¿Estamos haciendo una apología al delito?

Los villanos en la gran pantalla se hacen cada vez más atractivos incitando a los espectadores a hacer el mal. Debemos poner remedio a esta situación o enfrentar sus consecuencias.

Los villanos en la gran pantalla siempre han sido una atracción para el público. Desde Robin Hood, Lex Luthor (Superman), el siempre amado Conde Drácula (Hotel Transilvania), Magneto (X-Men), Hannibal Lecter (El silencio de los inocentes), Loki (Los Vengadores), Gru, Dru y los Minions (Mi Villano Favorito) hasta Darth Vader (Star Wars), Lord Voldemort (Harry Potter) y, por último, el Guasón (Joker). Y es que ningún superhéroe está completo o sería interesante sin un archienemigo que lo enfrentara.

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Los “malos”, como tradicionalmente se les ha llamado, logran que destaquen por contraste las habilidades y talentos de los protagonistas. Ellos son los personajes secundarios, pero en ocasiones, resultan ser tan importantes que se roban la cámara. De hecho, en el cine clásico los “buenos” siempre eran los actores más aclamados. No obstante, en la actualidad, cualquiera puede hacer el rol de villano, sin sentirse venido a menos por eso. Veamos algunos famosos que cambiaron de bando: Johnny Depp, Ralph Fiennes, Glenn Close, Jared Leto, Kevin Spacey, Angelina Jolie, Julia Roberts, Ben Kinsgley, Anthony Hopkins y un largo etcétera. 

De esta forma se puede concluir que, ahora en Hollywood, no siempre los mejores actores son los del bando bueno. Nadie se siente desacreditado por hacer de enemigo del orden y la ley. Ya eso no está mal visto y a veces, el papel resulta incluso más interesante. Y así, hay malos que han pasado a la historia siendo, en ocasiones, aún más recordados que los héroes. Pero, ¿es eso correcto? ¿Qué mensaje estamos mandando a los niños cuando ensalzamos tanto a los villanos? ¿Será que así promovemos el crimen?

Los villanos en la gran pantalla son amados por el público

Estos personajes en el cine moderno se transforman en una figura vital, e incluso llegan a ser los protagonistas. La maldad se hace así cada vez más importante, más atractiva. Y no generan un rechazo absoluto, sino que se muestran como seres fragmentados e incomprendidos. Esto nos lleva a amarlos, sin esperanza de escapar del poder de su seducción. Lo que, para mentes en formación, como es el caso de niños y adolescentes, puede resultar especialmente peligroso.

Veamos cual es el escenario general. Los niños prácticamente crecen solos, con extraños que los cuidan y pantallas con acceso a Internet en la mano. La razón es que ambos padres, por causa de la inflación y el deseo de mantener el “status quo”, tienen que salir a trabajar. Estas criaturas ven la televisión y disfrutan de los videojuegos como formas de entretenimiento, sin censura. Además, los maestros son desautorizados y no tienen poder alguno para enmendar las malas conductas. Y por si esto fuera poco, el cine aclama a los villanos.

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¿Capta el escenario? ¿Cuál será el efecto de este peligroso cóctel? ¡Correcto! Cada vez la delincuencia es mayor. Y no solo afecta a las clases sociales más bajas, sino que alcanza a todos los estratos. Los jóvenes se aburren en casa, carecen de amigos cercanos, no les gusta leer, no hablan con sus padres, que están muy ocupados y… el crimen se presenta muy atractivo. Los progenitores por su parte, en ocasiones, suelen sentirse culpables por el abandono. Y en compensación les dan a sus hijos todo lo que piden, lo necesiten o no.

¿Cuál sería la solución a esta problemática?

Desde el punto de vista psicológico, el mensaje es fuerte y claro: hacer el mal está bien. De esta manera, el germen para fabricar personalidades desequilibradas, violadores de la ley y delincuentes en potencia está montado. Veamos qué podemos hacer para evitar esta situación:

  • Prevención. Son muchas las posibles acciones que ayudarían a prevenir el problema. Por ejemplo, leer cuentos infantiles a los niños cuando aún son pequeños. Son historias que muestran que el lobo, y no la Caperucita Roja, es el villano. O que los enanos de Blanca Nieves eran honradores y trabajadores, no asaltantes de camino. Así, cuando escuchen otra versión ya tendrán su propia opinión formada.
  • Control. Los televisores modernos, las consolas de juego, los smartphones y muchas aplicaciones tienen control parental. Investigue al respecto y aproveche este servicio. Se trata de una forma de censurar lo que sus hijos están viendo y haciendo mientras usted no está. Evalúe sus programas, juegos y actividades favoritas, para determinar si son apropiados para su edad.
  • Comunicación. También es importante mantener las líneas de comunicación abiertas con los pequeños. Escúchelos y trate de entender su posición, pero, sin dejarse manipular. No les grite, ni los maltrate, escúchelos. Si los niños aprenden a confiar en sus padres y a hablar frecuentemente con ellos, en la adolescencia será factible que sigan haciéndolo. Y así, todos podrán ahorrarse muchos dolores de cabeza innecesarios.
  • Disciplina. Este parece un término pasado de moda, pero créame, no debería ser así. Los niños necesitan entender que hay límites que respetar. Y, asimismo, deben saber, que violarlos trae consecuencias. Si no lo aprenden en el hogar, se les dificultará la vida. Y créame el resultado será mucho más doloroso.

Por último, hay que tener cuidado con el mensaje que los villanos en la gran pantalla están transmitiendo a nuestros hijos. La inversión de las historias resulta interesante y hasta divertida; pero, el resultado podría ser desastroso. No perdamos de vista que los niños son como esponjas que absorben lo que ven y escuchan. Entonces, alimentemos sus mentes y corazones con buenos ejemplos, que ellos puedan emular. Y si ya se le han presentado problemas por esta causa, un psicólogo puede guiarle hacia la solución.

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Cilaura Vilchez

Cilaura Vilchez

Cilaura Vilchez es Psicólogo Clínico, EMDR Practitioner del EMDRIA de New York. Miembro de la Junta Directiva de la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV). Miembro de Psicólogos sin Fronteras (PSF-V)

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