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No debes gritarle a tus hijos

Reglas de oro para lograr que tus hijos te escuchen sin tener que gritar

Consejos útiles para ayudarte a mantener la calma, evitar los gritos y los ataques de rabia mientras logras que tus hijos te escuchen y hagan caso.

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Todos hemos oído que no debemos gritarles a los niños, pero no siempre logramos seguir esta regla. Es posible que muchos padres no crean que esta actitud suya realmente pueda dañar a su hijo, pero la mayoría solo tiene momentos en los que no puede contener la tensión o la ansiedad.

Puedes leer este artículo sobre las consecuencias negativas de gritarle a tus hijos.

Respecto al primer caso, es importante entender los efectos de nuestro enfado en los niños: Aparte de que es probable que acaben teniendo miedo de nosotros al ser incapaces de interpretar correctamente nuestro comportamiento, nuestra actitud les hace sentir que los degrada y afecta el desarrollo de su carácter.

¡Al mismo tiempo, este método particular de disciplinar a los niños no funciona! Según investigaciones, los niños pequeños tienen un 80 % de posibilidades de repetir en el mismo día el acto por el que recibieron una reprimenda, ya sea en un tono tranquilo, con gritos o en combinación con castigo físico.

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Consejos para que tus hijos te escuchen

No debes gritarle a tus hijos

Los siguientes consejos pueden ser muy útiles para que tus hijos aprendan a escucharte, y a hacerte caso sin tener que recurrir a los gritos y los innecesarios enfados.

No reacciones de inmediato

A veces, el problema está en nosotros: un acto de nuestro hijo que nos parecería levemente molesto en circunstancias normales puede llevarnos al límite después de un duro día de trabajo o combinado con un fuerte dolor de cabeza. Antes de reaccionar contra el niño, tómate un tiempo para respirar profundamente y calmarte. 

Habla con voz baja

Mientras gritamos, nuestros hijos también gritan. Por el contrario, cuando nuestra voz es lenta, suave y baja, tienen que tratar de escuchar lo que estamos diciendo, y casi siempre lo harán. 

Cuanto más tranquilos y dulcemente les hablemos, más probable es que presten atención a nuestras palabras.

Averigua las causas

Cuando comprendes qué evento fue la causa del mal o de la situación que lo afecta, le das las palabras que está buscando para que pueda expresar lo que le ha sucedido. Por ejemplo, puedes decirle: «Sé que no te gustó que María no quisiera que jugaras, pero debiste haberle dicho que estabas enojado, no golpearla».

Préstales atención

Quizás la razón más común de las rabietas de nuestros pequeños es su necesidad de que les prestemos más atención. Muchas veces, cuando ven que estamos centrados en una conversación con «adultos» y no les hacemos caso, les da igual que discutamos con ellos o que les demos el visto bueno: Ya es suficiente que los miremos y nos dirijamos a ellos. Por eso, es preferible reaccionar lo menos posible cuando hace algo mal y buscar recompensarlo, aunque su comportamiento sea meramente tolerable.

Dales tiempo

A veces se nos olvida que nuestros hijos aún no son capaces de hacer muchas cosas, y sobre todo no tenemos paciencia. No espere que tu hijo de dos años pueda mantener la calma después de un día completo de compras y mandados juntos. 

En su lugar, organiza tu programa conjunto teniendo en cuenta su etapa de desarrollo tanto como sea posible, y cuando eso no sea posible, recuerda que sus arrebatos no son culpa suya.

Ponte en su lugar

Es probable que un empleador o jefe te haya gritado por tus errores. ¿Cómo te hizo sentir esta actitud? Probablemente, te sentiste avergonzado y herido. Existe la posibilidad, de hecho, de que ni siquiera puedas superar su tono y prestar atención a lo que te está diciendo. A nuestros hijos les pasa lo mismo. Cuando les hablamos mal, lastimamos su confianza y autoestima y no les ayudamos a distinguir el bien del mal.

También debes darte tiempo a ti

Cuando tenemos hijos no nos transformamos automáticamente en santos ni padres ejemplares. Todavía tenemos fallas y nos reservamos el derecho de cometer errores, especialmente si vemos a nuestro hijo preparándose para autolesionarse frente a nosotros. 

Tu relación con tu pequeño puede manejar algunos incidentes de alta intensidad, siempre que te calmes y trates de explicar lo que sucedió. Dile que no era tu intención gritarle o enojarte, pero que te cuesta mantener la calma cuando no te escucha mientras le dices que lo que está haciendo es peligroso. Pídele que trate de comportarse mejor y promete hacer lo mismo.

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