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Redes sociales psicología

Cómo afecta el uso de redes sociales a nuestra psicología

La forma de vida moderna en la que domina el rápido desarrollo de la tecnología ha traído cambios significativos en nuestra vida diaria. Las redes sociales están explotando literalmente a medida que millones de personas quedan atrapadas en sus telarañas.

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Si bien el «rey» de las redes sociales, Facebook, recibe muchos aplausos, ya que transforma nuestro panorama social al conectar a millones de personas en todo el mundo, una investigación importante tiene algo más que decir al respecto.

Un estudio de la Universidad de Michigan midió cómo el uso de las redes sociales, como Facebook, afecta dos aspectos de nuestro bienestar: cómo se siente uno en el aquí y ahora y qué tan satisfecho está uno con su vida. Los resultados muestran que el uso de Facebook predice cambios negativos en ambos parámetros a lo largo del tiempo.

En particular, cuanto más se usa Facebook en un momento dado, peor te sentirás inmediatamente después. Y cuanto más se usa Facebook durante un período de dos semanas, más disminuyen los niveles de satisfacción con la vida.

Por el contrario, los individuos que están en contacto físico y se comunican con otros no han tenido los correspondientes efectos negativos.

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En resumen, el estudio destaca que Facebook es una fuente poco confiable para satisfacer las necesidades humanas básicas de contacto social y, en lugar de mejorar la sensación de bienestar de una persona, ocurre lo contrario.

Si Facebook nos hace sentir peor, ¿por qué no podemos evitar iniciar sesión en su plataforma una y otra vez?

Redes sociales y el miedo a no enterarse de las últimas noticias

El término moderno en inglés FOMO (Fear of Missing Out), que en español se traduce como «miedo a no enterarse«. Es decir, a perdernos algo que los demás comparten o que participan, que consideramos que probablemente es mejor o más interesante que lo que sea que estamos haciendo ahora mismo.

La conexión constante a cualquier red social o al mismo tiempo a muchas redes sociales (twitter, facebook, instagram, etc.) alivia este miedo.

Además, muchas personas, especialmente los adolescentes, piensan que necesitan estar disponibles las 24 horas del día para sus amigos porque en cualquier momento le puede pasar algo a alguien. Un flirteo, una pelea en la escuela, una pelea con los padres.

En el proceso, nuestra relación con la tecnología de las redes sociales se vuelve bulímica: consumimos tanto que lo hacemos simplemente porque podemos. Los investigadores sugieren que nuestra actitud hacia la tecnología es inmadura y, por lo tanto, problemática.

No promueve ni complementa el contacto y el comportamiento social natural. No distingue entre lo que es importante y lo que no es para nosotros, sino que conduce a serios sentimientos de miedo y ansiedad que intentamos aliviar mediante un control compulsivo de nuestro perfil.

¿Somos realmente nosotros mismos como usuarios de una red social?

Los adolescentes y los adultos crean una personalidad ficticia con la que se conectan en las redes sociales.

La «construcción» de la persona se basa en los principios de aceptación por parte de la comunidad: belleza, juventud, pasatiempos interesantes, fiestas, vacaciones, etc. Todo usuario busca algo valioso que subir, algo que llame la atención. Y lo que es más importante, algo que obtendrá muchos LIKE. Cada me gusta se experimenta, por un lado, como aceptación y, por otro, como recompensa.

Sabemos que la vida real es muy diferente a lo que se ve en Facebook. Si vemos la vida fuera de las redes a menudo se vuelve aburrida, difícil, solitaria, y no muy interesante. Y sin embargo, casi nadie publica acerca de lo solo que se siente, no publica fotos de un domingo aburrido en el sofá, no comparte sus verdaderos problemas.

La persona que creamos es a menudo un yo idealizado que suele estar muy alejado de nuestra realidad.

La necesidad de autorrevelación

La investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard va un paso más allá al revelar otro aspecto del apego a las redes sociales. Los resultados del estudio muestran que revelar información sobre nosotros mismos activa una recompensa biológica.

La autorrevelación está fuertemente asociada con una mayor activación en las áreas del cerebro que componen el sistema de dopamina intercostal, lo que comúnmente significa que cuando uno realiza que los pensamientos o elementos de su vida llegan a ser conocidos por otras personas, la recompensa se fortalece.

Esta necesidad de autorrevelación está profundamente arraigada en la condición humana y, por supuesto, no surge solo en relación con las redes sociales. Pero estos medios son una plataforma accesible para la divulgación (seleccionada) de información personal a un gran número de personas y con retroalimentación inmediata.

No es casualidad que un porcentaje de usuarios de redes sociales llegue a un punto de adicción real similar al de las sustancias adictivas.

Al final, las redes sociales hacen bien su trabajo. Llegan a cientos de millones de personas a diario, conociendo por supuesto los mecanismos biológicos y psicológicos de «adicción» de sus usuarios. La pregunta es qué podemos hacer como usuarios.

¿Hasta qué punto somos conscientes de estos mecanismos y qué estamos dispuestos a sacrificar para satisfacerlos (de una forma muy concreta) utilizando estos medios?

Bibliografía:
  1. Kross, E., Verduyn, P., Demiralp, E., Park, J., Lee, D. S., Lin, N., Shablack, H., Jonides, J., & Ybarra, O. (2013). Facebook use predicts declines in subjective well-being in young adults. PloS one8(8), e69841. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0069841

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