Una diabetes no controlada puede hacer ver a la persona muy inestable emocionalmente y esta es la razón

La diabetes, especialmente cuando no está bien gestionada, no solo afecta el bienestar físico de una persona, sino que también puede tener profundas implicaciones en su salud emocional y mental.

Aquellos que la observan desde fuera podrían percibir a un individuo con diabetes no controlada como emocionalmente inestable, y hay razones fisiológicas y psicológicas que sustentan esta percepción.

Fluctuaciones en los niveles de glucosa y su impacto emocional

La glucosa, un simple azúcar que se encuentra en la sangre, desempeña un papel fundamental en la salud y función del cerebro humano. Como el principal combustible del cerebro, es responsable de mantener activas y funcionales las células cerebrales, permitiendo procesos cognitivos como el pensamiento, la memoria y la toma de decisiones.

La estabilidad en los niveles de glucosa es, por lo tanto, crucial para garantizar que el cerebro funcione de manera óptima.

Sin embargo, las fluctuaciones extremas en los niveles de glucosa, ya sea por caídas drásticas (hipoglucemia) o aumentos significativos (hiperglucemia), pueden provocar una serie de síntomas que afectan tanto el bienestar físico como el emocional. Estos cambios pueden tener un impacto directo en cómo una persona se siente y cómo se comporta en su vida diaria.

La hipoglucemia, caracterizada por niveles anormalmente bajos de glucosa en sangre, puede desencadenar síntomas que van más allá de lo físico. La irritabilidad, la confusión mental, la dificultad para concentrarse y los cambios de humor repentinos son indicativos de la falta de suficiente glucosa para alimentar adecuadamente el cerebro.

Estos síntomas no solo afectan la capacidad de una persona para realizar tareas cotidianas, sino que también pueden causar tensiones en las relaciones interpersonales debido a cambios de comportamiento impredecibles.

Por el contrario, la hiperglucemia, que es el resultado de niveles excesivos de glucosa en la sangre, trae consigo su propio conjunto de desafíos emocionales. Los síntomas de fatiga, una preocupación constante por la salud y el bienestar, junto con sensaciones generales de desánimo, pueden ser paralizantes para algunos. Además, el estrés crónico por temor a las complicaciones a largo plazo de la diabetes puede agravar aún más estos sentimientos.

Estrés crónico y respuesta hormonal

Vivir con diabetes puede ser fuente de un estrés constante. La necesidad de monitorear la glucosa, administrar insulina, seguir una dieta estricta y preocuparse por las posibles complicaciones de salud a largo plazo puede ser abrumador.

Este estrés crónico puede desencadenar una liberación constante de hormonas del estrés como el cortisol. El cortisol elevado, a largo plazo, ha sido vinculado con trastornos del estado de ánimo, incluyendo depresión y ansiedad.

Repercusiones psicológicas de la enfermedad en individuos con diabetes

La diabetes, uno de los trastornos metabólicos más prevalentes en el mundo, no solo afecta el cuerpo físicamente sino también tiene un impacto profundo en la mente y el bienestar emocional del individuo. Como enfermedad crónica, requiere una gestión y vigilancia continuas, lo que invariablemente introduce un conjunto único de desafíos psicológicos para quienes viven con ella.

El primer desafío al que se enfrentan muchos pacientes es la adaptación a un estilo de vida alterado. Los diagnósticos médicos siempre conllevan un período de ajuste, pero con enfermedades crónicas como la diabetes, el ajuste es una tarea continua. Hay cambios dietéticos que hacer, medicamentos que tomar, y niveles de glucosa en sangre que monitorear.

Este continuo proceso de ajuste puede ser abrumador y, en muchos casos, lleva a sentimientos de pérdida, ya que los pacientes pueden añorar la simplicidad de la vida antes del diagnóstico.

Por otro lado, la preocupación constante sobre las posibles complicaciones a largo plazo es otro factor de estrés significativo. Saber que la enfermedad, si no se gestiona adecuadamente, puede llevar a problemas graves como enfermedades cardíacas, problemas renales o ceguera, puede generar una considerable ansiedad. Esta anticipación de lo desconocido y el temor a lo que pueda venir puede ser una fuente constante de inquietud.

A esto se suma el miedo real y tangible a episodios de hipoglucemia o hiperglucemia. Un episodio grave de cualquiera de estos puede ser peligroso y potencialmente mortal. La posibilidad de enfrentarse a uno de estos episodios puede crear una sensación perpetua de estar «en guardia», llevando a sentimientos exacerbados de ansiedad.

No es sorprendente, entonces, que la depresión sea más común en personas con diabetes que en la población en general. La combinación de lidiar con los rigores diarios de la gestión de la enfermedad y la sombra constante de posibles complicaciones crea un terreno fértil para sentimientos de tristeza, desesperanza y frustración. El hecho de que la diabetes y la depresión compartan ciertos factores de riesgo biológicos y fisiológicos solo complica aún más la situación.

Para concluir, es esencial que tanto los profesionales médicos como los seres queridos de las personas con diabetes estén conscientes de las profundas implicaciones psicológicas de la enfermedad. Además de las intervenciones médicas, la asistencia psicológica y el apoyo emocional son fundamentales para garantizar una calidad de vida óptima para estas personas. Reconocer y abordar estos desafíos psicológicos es tan crucial como monitorear y controlar los niveles de glucosa en sangre.

Autoimagen y autoestima en personas con diabetes

La diabetes, al margen de sus manifestaciones físicas, puede tener un impacto notable en la percepción interna de una persona, influenciando tanto su autoimagen como su autoestima.

En numerosas ocasiones, los individuos diagnosticados se sienten preocupados por su peso debido a la naturaleza metabólica de la enfermedad y los cambios que puede inducir en el cuerpo. A esto se suma el hecho de que muchos requieren inyecciones regulares de insulina. La idea de tener que inyectarse en público puede generar inseguridades y una sensación de vulnerabilidad, sobre todo si perciben miradas o comentarios de los demás.

Además, enfrentar una condición que no todos tienen puede hacer que algunos se sientan «diferentes» o marginados, lo que puede llevar a cuestionamientos internos y a un descenso en su autoestima. Es crucial reconocer y abordar estos sentimientos para asegurar el bienestar emocional del individuo.

Conclusión

Es fundamental comprender que las emociones y comportamientos de una persona con diabetes no controlada no son simplemente «reacciones» o «elecciones» arbitrarias, sino que están profundamente enraizadas en los cambios fisiológicos y psicológicos que trae consigo la enfermedad.

Reconocer y ser empático con estas luchas es esencial. La gestión adecuada de la diabetes, junto con el apoyo psicológico, puede ayudar a mejorar tanto la salud física como emocional de las personas afectadas.

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