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Etapas del perdón

Las 6 etapas del perdón para sentirnos liberados

El perdón verdadero consta de etapas, cuando es realmente sincero, puede cambiarnos desde lo más profundo.

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Perdonar genuinamente, por supuesto, es un proceso mucho más profundo y difícil que aceptar unas simples disculpas, que en la mayoría de los casos nos obliga a superar cualquier resentimiento, nuestro orgullo, e incluso a nosotros mismos.

Las etapas del perdón

Los psicoterapeutas que se han ocupado de estudiar este proceso nos hablan de algunas etapas por las que hay que pasar para poder finalmente perdonar de verdad.

1. Conciencia

La primera etapa es ante todo la realización de nuestros propios sentimientos, de aceptar que lo que nos hicieron de alguna manera nos hirió.

Muchas veces dejamos pasar cosas convenciéndonos de que “No pasó nada”, “Mejor no molestarse”, “Estoy bien”. Para evitar el dolor y la frustración, desarrollamos una serie de «estrategias»: olvidamos, racionalizamos, embellecemos. De esta forma nos protegemos de sentimientos intensamente desagradables, algo que necesitamos para sobrevivir. 

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Cuando algo duele mucho, hacemos como que no pasó. al menos hasta que estemos preparados para afrontarlo. No es fácil salir de este «olvido», porque olvidarse de las cosas es mucho más conveniente. Desafortunadamente, esta represión de emociones puede tener consecuencias negativas a largo plazo.

2. Sacude la culpa

La segunda etapa tiene que ver con la culpa. Casi siempre, cuando un ser querido nos ha lastimado, en algún lugar dentro de nosotros hay un sentimiento de que tenemos la culpa. De esta manera, sentimos que tenemos un control sobre la situación, que no estamos completamente expuestos a la voluntad y los estados de ánimo del otro, al azar, o al destino. 

Una mujer que fue abandonada por su marido por otra persona, se echará la culpa a sí misma, diciendo “si no lo hubiera presionado tanto, no se hubiera ido”. Mantiene la ilusión de que las cosas estaban en sus manos, aunque haya perdido la oportunidad. La culpa, sin embargo, desafortunadamente no lleva a ninguna parte, es autodestructiva y socava nuestra autoestima.

3. ¡Fin de las víctimas!

La tercera etapa es la de la eliminación del papel de víctima.

Esta etapa es muy importante, pero también muy difícil. El papel de víctima es uno de los más «convenientes», aunque la forma en que entramos en este papel es dolorosa. Ser víctima tiene un extraño «placer»: siempre hay un motivo para no responsabilizarse, para no reclamar, para no seguir adelante, para simplemente esperar a que llegue la comprensión y el cuidado de los demás («Mi padre era un hombre irresponsable que nos dejó cuando Yo era pequeño… ¿Cómo voy a poder sostenerme en mis dos pies, cuando el que debería haberme sostenido, alentado, nunca lo hizo?”). 

Este papel, especialmente cuando se ha adoptado durante mucho tiempo, requiere mucho esfuerzo para deshacerse de él. De lo contrario no puede haber ni perdón ni crecimiento personal.

4. Reconocer nuestro enfado

La cuarta etapa es la etapa en la que se expresa desaprobación e ira. Tampoco tienes por qué sacar todo delante del «perpetrador», pero sí hay que reconocer y poder expresar con palabras nuestro enfado por lo que nos hizo: «Si me lo volviera a encontrar, me gustaría regresársela y hacerle tanto daño como me hizo a mí”, “me imagino maldiciéndolo y abofeteándolo para que entienda lo que significó para mí lo que él hizo”.

Es extraño, pero esta fase, que parece una «animación» de las emociones, a menudo saca a la superficie emociones positivas, nos hace darnos cuenta de lo importante que era o sigue siendo esa persona para nosotros.

5. Cara a cara

La quinta etapa es la del encuentro cara a cara con el otro. En cierto modo es opcional. Muchas veces nuestra vida nos ha alejado por completo de ciertas personas y no tenemos que buscarlas para decirles lo que sentimos.

El perdón nos concierne ante todo a nosotros mismos y puede darse incluso si nunca vemos a la persona que nos «hirió» y a la que ahora perdonamos. Sin embargo, especialmente cuando se trata de relaciones importantes (padres, parientes cercanos, hermanos), podemos sentir la necesidad de encontrarnos con ellos cara a cara y explicarles cómo nos sentimos.

6. «Liberación» y redención

La última etapa es el perdón en sí mismo y no se describe fácilmente, simplemente porque todos lo sienten de manera diferente. La mayoría de las personas lo experimentan como una redención y un alivio interior, como cuando ordenamos una habitación de nuestra casa que ha estado sucia, desordenada y llena de objetos inútiles que ocupan espacio durante mucho tiempo.

Por supuesto, este proceso no se hace de forma consciente y ni tras una decisión lógica. No nos despertamos un día y decimos: “Ahora empezaré con la primera etapa”. Muchas veces necesitamos pasar mucho tiempo aguantando el sentimiento de injusticia por lo que nos hicieron, ya sea porque el enfado es tan grande que no lo podemos superar o porque es mejor no desenterrar las cosas porque sabemos que nos causará dolor.

Muchas veces, un acontecimiento o un cambio en nuestra vida activa en nosotros el proceso del perdón como necesidad de deshacernos de las cargas del pasado que ensombrecen el presente.

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