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Hijos hiperresponsables: el fenómeno de la inversión de roles

En los últimos tiempos ha habido más y más cambios en las estructuras familiares tradicionales. La familia, y en consecuencia su núcleo, está cada vez más expuesta a los cambios dentro de su constitución, de acuerdo con los cambios culturales y el contexto social que enfrentamos en los últimos años.

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Dentro de estos cambios, el tema sensible de la educación de los niños adquiere una connotación fundamental en la familia, una tarea compleja para los padres y llena de carga emocional. Educar nuestros hijos es una de las tareas parentales más difíciles, pero, debido a su naturaleza ardua, es más influyente para el éxito de la constitución psíquica del niño.

Cómo definir la responsabilidad en el núcleo familiar

El término “responsabilidad” significa la capacidad de emprender elecciones o acciones; tomar responsabilidad por tales elecciones o decisiones; y finalmente asumir las consecuencias que conllevan estas elecciones.

Adquirir la habilidad para pasar por este proceso no tiene lugar rápido y fácilmente, sino que está relacionada con interacciones complejas y lentas de aprendizaje mutuo entre padres e hijos. Y de hecho no solo de acuerdos y procedimientos sin problemas, sino también de errores y malentendidos a lo largo del tiempo.

El niño aprende a asumir la responsabilidad de sus propias acciones a través de la identificación con el padre, quien en sus acciones y razonamiento trata de implementar las “reparaciones” apropiadas, es decir, usa su capacidad de ajustar las discrepancias que percibe en su realidad para mejorar su adaptación.

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Por lo tanto, el padre será una parte activa y fundamental en la construcción de este proceso. En la terapia familiar, el niño podrá practicar la promoción de experiencias nuevas y personales, y los padres tienen que aceptar voluntariamente que el niño cometerá errores y que eso es una muestra de valentía, sin descuidar nunca el buen ejemplo que tienen que darle.

La importancia del rol de los padres en la generación de responsabidlaides

Los padres tienen una gran importancia al ser una “base segura” de valores e ideales, que para el niño adquiere un peso enorme y que, al mismo tiempo, se convierte en una base esencial dentro del establecimiento del proceso de aprendizaje de las responsabilidades del niño.

Es importante que el padre comprenda que no puede resolver los problemas que el niño no pueda, esta acción implica una participación demasiado activa del adulto y, como consecuencia primaria, el establecimiento de comportamientos infantiles repetidos relacionados con el niño.

Además de una propensión a la ansiedad y miedo al riesgo de fracaso. Los niños desarrollan una sensación de incertidumbre al salir del contexto familiar, precisamente porque están sobreprotegidos por figuras paternas a menudo ansiosas que no confían en él y tienden a prevenir, y anticipar el riesgo de que el niño enfrente pequeños fracasos que requiere para crecer.

Cuando el padre está “demasiado” presente, corre el riesgo de asfixiar al niño, no le permite expresarse porque la aparición de recursos y habilidades en la infancia requiere tiempo y un contexto tranquilizador, no demasiado imponente y que obstruya el impulso de la autonomía.

Será esencial saber cómo moverse en múltiples contextos, comenzando desde la familia y el hogar con pequeñas tareas apropiadas para la edad que el niño puede llevar a cabo dentro del hogar, hasta ampliar el rango de experiencias escolares que siempre deben ser de naturaleza de maduración y relacional. Nunca obsesivo y opresivo.

Al hacer esto, el niño comprenderá la importancia de sus acciones, el valor que se les atribuye y el grado de flexibilidad que puede mantener o no dentro del cumplimiento de sus responsabilidades, pero sin sentirse observado de manera excesivamente crítica por parte del padre.

Un padre debe aplicar no solo castigos y prohibiciones, sino también premios y promotores de contención emocional, indispensables para que el niño alcance una maduración psíquica adecuada.

Cuando los roles se invierten

En algunos casos, lo que puede suceder dentro de la unidad familiar es una desestabilización de la dinámica relacional entre padres e hijos, que conlleva una “inversión de roles”.

Esto puede deberse a situaciones que causan estrés en el padre o a un método educativo dirigido en una dirección que puede afectar al niño de manera perjudicial, gracias a su predisposición a adaptarse a las solicitudes del entorno sin poder evaluarlas con un pensamiento maduro.

Estas situaciones pueden ocurrir en ciertos entornos familiares, como en familias que están experimentando una crisis después de la separación de los padres, en familias en las que uno de los dos padres padece enfermedades crónicas o adicciones y en situaciones en las que uno de los dos padres sufre de depresión, por decir algunos ejemplos.

Pero incluso en familias que disfrutan de estabilidad, pueden ocurrir solicitudes afectivas inadecuadas de los padres hacia sus hijos, que en estos casos están sujetas a una carga de expectativas del adulto que resulta ser demasiado pesada en términos de energías psíquicas por parte del menor.

Ejemplos de hijos hiperresponsables y situaciones cotidianas

De una forma u otra dentro de estas situaciones o eventos de la vida, el padre deja que el niño se responsabilice de él clamando por ayuda hacia su persona, colocando el papel de la crianza sobre el niño, lo que genera una hiperresponsabilidad sobre el joven.

Por ejemplo, en el caso de divorcios o separaciones, con mucha frecuencia los niños pueden ser “mediadores” entre los dos padres, y son utilizados como chivos expiatorios o como medio para transmitir información o desacreditar al otro padre.

En estos casos, el adulto que le pide al niño que esté de su lado puede estar tan enojado y herido que pierde de vista el bienestar del niño y, dado que está demasiado ocupado con sus propios sentimientos, no se da cuenta de que está pidiendo cosas inadecuadas. no puede diferenciar entre sus propias necesidades y cuáles son las necesidades del niño.

En el caso de enfermedades crónicas, depresión o adicciones, los padres pueden llegar a desligarse por completo de su rol como padres para dárselo a sus hijos, quienes sentirán la responsabilidad de cuidar a sus padres y manejar su situación.

La inevitable consecuencia de esto es sus necesidades como un niño son completamente olvidadas. Además, también se les puede pedir a estos niños que cuiden a sus hermanos, haciéndose aún más responsables de la situación.

Por lo que el menor pierde por completo el derecho a ser despreocupado y protegido por la presencia de un adulto que piensa en sus necesidades, garantizándole un ambiente familiar sano.

Estas presiones provocan el riesgo de bloquear el proceso de maduración mental del niño. Todas sus energías mentales se invierten en enfrentar las emergencias y necesidades del padre que está sufriendo.

Cuando lo mejor sería que tuviera experiencias normales relacionadas con su edad, lo que permitiría, como sucede en situaciones naturales, hacer que el crecimiento pase de una etapa evolutiva a la siguiente.

Nunca debemos olvidar que el desarrollo psíquico y el crecimiento requieren tiempo y recursos mentales, es un proceso de maduración lenta que, si es interferido, puede bloquearse.

El término “apego invertido” se utiliza para indicar este tipo de situación. Un niño que ha sufrido un cambio de roles en la relación con sus padres puede ser un adulto incapaz de detectar sus propias necesidades y que vive siempre en función del otro.

O que desarrolla una forma de egoísmo y siempre se coloca en el centro de cada situación, reclamando casi inconscientemente el derecho a poner sus propias necesidades antes que todo, ya que nunca lo escucharon lo suficiente en su infancia.

Efectos negativos de hacerse responsables antes de tiempo

Convertirse en un adulto demasiado rápido no ayuda a asumir responsabilidad de una manera saludable. Por el contrario, las personas adultas más maduras son aquellas que han disfrutado de la experiencia de poder depender del cuidado de los padres disponibles para aceptar sus necesidades de la infancia durante un tiempo suficiente.

Antes de explicar el significado de este término “apego invertido”, es importante comprender qué se entiende por “apego”.

Con el concepto de apego en psicología clínica nos referimos a un sistema dinámico de actitudes y comportamientos que contribuyen al establecimiento y la formación de un vínculo específico entre dos personas, basado en la satisfacción de las necesidades primarias medibles dentro de las relaciones primarias.

Un buen apego primario está constituido por una relación en la cual el padre y el niño se mueven a través de descansos y reparaciones, fundamentales e inevitables, debido al hecho de que la maduración psíquica ocurre a través de una especie de “danza para dos”.

El aprendizaje de los movimientos propios y de los demás permite fortalecer cada vez más el vínculo entre las dos personas. Esto no sucede dentro de ciertos tipos de apegos, como el llamado apego “invertido”.

Según la literatura en psicología, este pertenece a una forma de apego desorganizado en el que el niño no siente que sus emociones sean reconocidas y contenidas por el adulto de referencia.

Lo que sucede dentro de este tipo de apego es el establecimiento a largo plazo de un mal funcionamiento de la capacidad del niño para reconocer el comportamiento de sus padres que, al revertirse la estructura referida a la satisfacción de las necesidades de apego, parece afectar su capacidad de construir identidad y autonomía.

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Equipo de Redacción. Mente Asombrosa ofrece artículos informativos sobre temas relacionados con la psicología y el bienestar emocional.

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