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Los beneficios de dar nombre a nuestras emociones
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Definir nuestras emociones nos ayuda a reducir el estrés

Cuando expresamos nuestros sentimientos con palabras, es decir, cuando hablamos con un amigo o terapeuta, o cuando escribimos nuestros pensamientos y sentimientos, nos ayuda a sentirnos mejor. Según las nuevas investigaciones, cuando le podemos dar nombre a lo que sentimos, nos puede ayudar a sentirnos mejor.

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¿Por qué expresar y dar nombre a las emociones nos puede «aliviar»?

Un nuevo estudio de imágenes cerebrales realizado por psicólogos de UCLA revela el por qué. Cuando las personas ven una imagen de una persona enojada o asustada, tienen una mayor actividad en un área del cerebro llamada amígdala, que activa una serie de sistemas biológicos para proteger el cuerpo en momentos de peligro que nos abruman con hormonas de acción, como la adrenalina.

Estas hormonas evitan que los centros de la lógica recuperen el control

Esta función salva vidas en un entorno lleno de peligros inmediatos, como lo fue en los primeros años de la evolución humana, donde las reacciones debían ser inmediatas para sobrevivir. Pero hoy, reacciones sin conciencia de lo que hacemos y por qué, suelen tener consecuencias desagradables.

Denominar lo que sentimos nos alivia

La simple denominación de las emociones alivia la amígdala, el centro de respuesta al riesgo del cerebro que desencadena las emociones negativas. Cuando vemos una cara enojada y simplemente la llamamos enojada, la reacción en la amígdala se reducirá considerablemente.

Cuando nombramos nuestras emociones desagradables, nos damos cuenta de ellas y podemos controlar más nuestras reacciones. Entonces, sin forzarnos a sentirnos mejor, reconocer y expresar nuestros verdaderos sentimientos tiene éxito.

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¿Qué queremos decir exactamente cuando decimos «nuestros verdaderos sentimientos»?

A menudo, en lugar de aceptar y revelar nuestros sentimientos más profundos, expresamos otros que son una reacción al comportamiento de la otra persona. Ejemplos de tales emociones reactivas son la ira, los celos, la frustración y, por lo general, nos alejan de los demás y dificultan la comunicación.

Por el contrario, las emociones más profundas y auténticas nos hacen más vulnerables, por ejemplo la tristeza, el miedo, la vergüenza y la soledad, pero nos acercan a nosotros mismos y a los demás.

Por ejemplo, a menudo detrás de la ira y los celos se esconde el miedo a que el otro nos abandone o nos traicione. Cuando expresamos estas emociones, la dimensión beneficiosa de su expresión es mucho mayor.

Para terminar, una forma de ser más consciente de nuestras emociones es enfocarnos en nosotros mismos, prestar atención a cómo nos sentimos en el momento presente y hablar solo de ello.

Podemos decir por ejemplo «Ahora me siento enojado» o «me siento muy estresado en este momento» o «esto está bien», o «en este momento me siento paz», etc. Es importante no aferrarse a sentimientos del pasado repitiéndolos mecánicamente, sino hacer contacto con nosotros mismos antes de expresar nuestros sentimientos.

Durante los estudios: los investigadores analizaron también las palabras que usaban los participantes y descubrieron que los que expresaban su miedo con palabras más negativas lograron superar sus temores con más éxito. “Por razones que aún desconocemos, cuando los aracnofóbicos expresan su miedo, el miedo se reduce”, dice  Matthew Lieberman, el catedrático de psicología y psiquiatría de UCLA.

También es importante no dejarnos abrumar por una sola emoción, como si fuéramos nosotros mismos esta emoción, sino dejar espacio para las demás emociones que existen dentro de nosotros.

Bibliografía:
  1. Lieberman Matthew D., «Verbalizing Feelings Makes Sadness, Anger And Pain Less Intense.» Medical News Today, MediLexicon, Intl., 28 Jun. 2007.
  2. Winerman, L. (2006, octubre). Hablar del dolor. Monitor de Psicología , 37 (9). [Link]

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