Durante décadas, la explicación científica de la psicopatía se ha centrado casi exclusivamente en el cerebro: en particular, en anomalías estructurales y funcionales de la corteza prefrontal, la región asociada con el control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional.
Un estudio publicado en la revista Translational Psychiatry —parte del grupo editorial Nature— añade ahora una pieza inesperada a ese rompecabezas: la composición de las bacterias que viven en el intestino y la boca podría estar asociada, de forma medible, con los rasgos de personalidad psicopática.
El estudio: quién lo hizo y cómo
La investigación fue liderada por Carolina F. F. A. Costa, científica biomédica del Instituto de Ciências Biomédicas Abel Salazar de la Universidad de Porto (Portugal), en colaboración con investigadores del Departamento de Farmacología y el Departamento de Biología de la Universidad de Oxford, entre ellos Daniel Radford-Smith, Alexandre R. T. Figueiredo y Daniel C. Anthony.
El equipo reunió a 200 adultos de la población general —no una muestra clínica ni de personas con un diagnóstico psiquiátrico previo— y les aplicó varios instrumentos psicológicos validados: la Escala de Autoinforme de Psicopatía, versión corta (SRP-SF), el Cuestionario de Empatía Afectiva y Cognitiva, el Índice de Reactividad Interpersonal, y el Inventario Estado-Rasgo de Ansiedad Cognitiva y Somática.
Junto con estos cuestionarios, los participantes proporcionaron muestras de heces, saliva y sangre. Los investigadores analizaron la composición bacteriana de las muestras fecales y bucales mediante secuenciación genética, y complementaron el análisis con metabolómica —el estudio de las pequeñas moléculas y subproductos metabólicos— tanto en plasma sanguíneo como en muestras fecales.
Utilizando un método estadístico de agrupamiento (K-means), los investigadores identificaron distintos perfiles de participantes según sus puntuaciones de psicopatía y compararon la composición microbiana entre esos grupos.
Lo que encontraron
El hallazgo central: si bien la diversidad general de la microbiota (cuántas especies distintas hay y en qué equilibrio) no fue distinta entre los grupos con más o menos rasgos psicopáticos, sí hubo diferencias claras en qué bacterias específicas predominaban. Cuatro géneros o especies bacterianas mostraron diferencias notables entre los grupos:
- Allisonella (bacteria intestinal): mayor abundancia, asociada positivamente con puntuaciones más altas de psicopatía.
- Prevotella (bacteria intestinal): mayor abundancia, también asociada positivamente con puntuaciones más altas de psicopatía.
- Cloacibacillus evryensis (bacteria intestinal): igualmente asociada de forma positiva.
- Treponema vincentii (bacteria bucal): a diferencia de las anteriores, esta mostró una asociación negativa: a mayor presencia de esta bacteria en la boca, menores las puntuaciones de psicopatía.
El estudio también encontró un hallazgo metabólico interesante: los niveles fecales de glucosa y de taurina (un aminoácido presente en la bilis y en varios procesos metabólicos) fueron más altos en los participantes con puntuaciones de psicopatía más elevadas, lo que sugiere que no solo cambia qué bacterias están presentes, sino también qué sustancias produce ese ecosistema microbiano.
Los propios investigadores describen estas asociaciones —vinculadas específicamente con rasgos como la frialdad emocional, la manipulación, la impulsividad y la conducta antisocial— como evidencia de “una huella biológica medible para la psicopatía que se extiende más allá de los modelos neurocognitivos tradicionales”.
Por qué estas bacterias en particular podrían importar
El equipo propone dos posibles explicaciones biológicas, aunque ambas siguen siendo hipótesis y no mecanismos comprobados:
Allisonella e inflamación. Esta bacteria ha sido vinculada en investigación previa a distintas enfermedades humanas y a la promoción de procesos inflamatorios en el organismo.
La inflamación crónica de bajo grado es, a su vez, un factor considerado relevante en trastornos psiquiátricos como la ansiedad y la depresión, lo que llevó a los investigadores a plantear una posible vía de conexión entre esta bacteria y los rasgos psicopáticos, mediada por procesos inflamatorios que podrían afectar el funcionamiento cerebral.
Prevotella y procesamiento emocional. Investigación anterior ha vinculado a este género bacteriano con diferencias en regiones cerebrales responsables del procesamiento emocional, atencional y sensorial, lo que podría traducirse en un déficit para codificar con precisión los detalles contextuales de los estímulos que una persona recibe del entorno —una función relevante para la empatía y la lectura social.
El eje microbiota-intestino-cerebro: el marco detrás de esta investigación

Este estudio se inserta dentro de un campo de investigación más amplio conocido como el eje microbiota-intestino-cerebro, que en los últimos años ha acumulado evidencia de que las bacterias del tracto digestivo se comunican con el sistema nervioso central a través de varias vías: el nervio vago, la producción de neurotransmisores y sus precursores, la modulación del sistema inmunológico, y la producción de metabolitos que pueden cruzar la barrera hematoencefálica.
La investigación previa ya había vinculado a la microbiota con la ansiedad, el estado de ánimo y la respuesta al miedo; este estudio es, según sus propios autores, el primero en explorar específicamente su relación con la psicopatía.
Las limitaciones, explicadas por los propios investigadores
Es fundamental leer estos hallazgos con el mismo cuidado con el que los propios autores los presentan, ya que ellos mismos señalan varias limitaciones importantes:
- Es un estudio correlacional, no causal. Los investigadores son explícitos en este punto: los resultados muestran una asociación estadística, no prueban que estas bacterias causen rasgos psicopáticos. Señalan además que la comunicación entre la microbiota y el cerebro es bidireccional, es decir, es igualmente posible que ciertos rasgos de personalidad o patrones de comportamiento asociados (por ejemplo, en la alimentación, el estrés o el estilo de vida) sean los que terminen moldeando la composición bacteriana, y no al revés.
- Es un diseño transversal. El estudio evaluó a los participantes en un único momento en el tiempo, lo que impide determinar qué apareció primero: los rasgos de personalidad o el perfil bacteriano.
- La muestra es reducida y depende de autorreportes. 200 participantes es un tamaño modesto para este tipo de análisis, y las escalas de psicopatía se basaron en lo que cada persona reportó sobre sí misma, un método sujeto a sesgos.
- Se trata de rasgos subclínicos, no de un diagnóstico. Es importante subrayar que los participantes fueron adultos de la población general, no personas con un diagnóstico clínico de trastorno de personalidad antisocial ni con psicopatía en el sentido forense del término. El estudio mide un rango de rasgos —presentes, en menor o mayor grado, en la mayoría de las personas— no la presencia o ausencia de una condición clínica.
- Los resultados podrían variar según la población. Al tratarse de un solo estudio realizado en una región geográfica específica, los propios autores advierten que los hallazgos podrían no replicarse igual en otras poblaciones.
Vale la pena aclarar, además, un punto práctico: géneros como Prevotella y Allisonella son bacterias comunes que forman parte de la microbiota intestinal de una proporción considerable de la población general, con funciones normales en la digestión y el metabolismo.
Su presencia, incluso en mayor abundancia, no es en absoluto un indicio de rasgos psicopáticos por sí sola: el hallazgo del estudio es una asociación estadística dentro de un grupo específico, no una prueba diagnóstica.
Qué significa esto, en definitiva
Este estudio no ofrece una prueba biológica para “detectar” psicopatía, ni sugiere que modificar la dieta o la microbiota pueda cambiar rasgos de personalidad.
Lo que sí aporta es una línea de evidencia inicial —la primera en su tipo, según los propios autores— que sugiere que el eje microbiota-intestino-cerebro podría jugar algún papel en rasgos de personalidad que tradicionalmente se han explicado solo desde la neurobiología cerebral.
Es un hallazgo que abre preguntas de investigación relevantes, más que una respuesta cerrada, y que —como ocurre con toda ciencia en una etapa temprana— necesitará ser replicado en estudios más grandes, con diseños longitudinales, antes de poder sacar conclusiones firmes sobre la dirección y el mecanismo de esta relación.
Fuente
- Costa, C. F. F. A., Radford-Smith, D., Figueiredo, A. R. T., et al. (2026). Gut and oral microbiota composition is associated with psychopathic personality: a cross-sectional study. Translational Psychiatry. DOI: 10.1038/s41398-026-04052-z. https://www.nature.com/articles/s41398-026-04052-z

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