Durante mucho tiempo, el autismo se asoció casi exclusivamente con la niñez, y con un perfil de síntomas muy visibles. Eso ha cambiado: cada vez hay más adultos que reciben un diagnóstico por primera vez a los 30, 40 o incluso 50 años, después de haber pasado la mayor parte de su vida sin saber por qué ciertas situaciones les resultaban mucho más agotadoras que a los demás.
La razón de este retraso tiene nombre propio en la investigación científica: el enmascaramiento o camuflaje social, un conjunto de estrategias —muchas veces inconscientes— que hacen que los rasgos autistas pasen desapercibidos, incluso para la propia persona.
1. El camuflaje o enmascaramiento social
Es, según la investigación más citada sobre el tema —el estudio de Laura Hull y su equipo, publicado en 2017 en el Journal of Autism and Developmental Disorders—, el fenómeno central que explica por qué tantos adultos autistas pasan desapercibidos.
El camuflaje incluye estrategias como observar e imitar el comportamiento de otras personas, preparar mentalmente guiones o respuestas para conversaciones antes de que ocurran, forzarse a mantener contacto visual aunque resulte incómodo, o directamente adoptar una “personalidad social” distinta a como la persona se siente por dentro.
Puede ser tan efectivo que quienes rodean a la persona —e incluso profesionales de salud poco familiarizados con esta presentación— no perciben ninguna dificultad aparente.
2. Agotamiento severo después de socializar (burnout autista)
Mantener el camuflaje tiene un costo. Investigadores como D. Raymaker y su equipo, en un estudio publicado en la revista Autism in Adulthood, describen el “burnout autista” como un estado de agotamiento físico y mental profundo, causado por el esfuerzo sostenido de funcionar en un mundo social diseñado para personas no autistas.
A diferencia del cansancio social común, se trata de un agotamiento desproporcionado: una reunión social de un par de horas puede dejar a la persona sin energía durante el resto del día, o incluso varios días, sin que quienes la rodean entiendan por qué.
3. Sensibilidad sensorial atípica
Reacciones intensas a estímulos que otras personas apenas notan —luces fluorescentes, ciertos ruidos de fondo, etiquetas de ropa, texturas específicas de comida, olores fuertes— son una característica reconocida del espectro autista, aunque en la adultez suelen interpretarse simplemente como “gustos particulares” o “manías”, sin conectarlas con un patrón más amplio.
4. Intereses intensos y muy específicos
Un interés profundo y sostenido en un tema concreto —que puede abarcar desde un período histórico hasta un sistema de clasificación, un idioma o un área técnica muy específica— es una característica frecuente del autismo.
En la adultez, este rasgo a menudo se camufla bien, porque un interés muy desarrollado en un tema puede canalizarse hacia una carrera profesional o un pasatiempo socialmente valorado, lo que hace que pase por una simple pasión o dedicación, sin que se reconozca como parte de un patrón neurológico distinto.
5. Dificultad marcada con los cambios inesperados
Una fuerte preferencia por la rutina y la previsibilidad, y una reacción de estrés desproporcionado ante cambios de planes de último momento, es otro rasgo que en la adultez suele disimularse bien mediante organización meticulosa y control del entorno propio —hasta que un imprevisto rompe esa estructura y genera un malestar que a la propia persona le cuesta explicar.
6. Interpretación literal del lenguaje
Dificultad para captar de forma automática el sarcasmo, las metáforas, el doble sentido o las reglas no escritas de una conversación es un rasgo reconocido dentro del espectro.
En adultos con buen nivel de lenguaje, este rasgo suele pasar desapercibido porque la persona aprende, con el tiempo y mucho esfuerzo consciente, a reconocer estas señales de forma “manual” —analizando el contexto de forma activa en lugar de captarlo de forma intuitiva—, lo que a ojos externos parece una habilidad social normal.
7. Dificultad para identificar y describir las propias emociones
Este rasgo, conocido en la literatura científica como alexitimia, se refiere a la dificultad para reconocer, nombrar y describir lo que se siente internamente, aunque la emoción sí esté presente.
No es exclusivo del autismo, pero aparece con mayor frecuencia en personas autistas que en la población general, y suele generar confusión: la persona puede sentirse abrumada o angustiada sin poder identificar con precisión qué emoción está experimentando ni por qué, lo que a menudo se malinterpreta —tanto por la propia persona como por quienes la rodean— como falta de empatía o desinterés, cuando en realidad ocurre lo contrario.
¿Por qué estas señales suelen confundirse con otra cosa?
Un dato relevante documentado en la investigación: el esfuerzo sostenido de camuflar estos rasgos está asociado con mayores niveles de ansiedad, depresión y agotamiento, según distintos estudios revisados en una revisión sistemática publicada en Journal of Autism and Developmental Disorders por Cage y Troxell-Whitman.
Esto explica, en parte, por qué muchos adultos autistas —especialmente mujeres, en quienes el camuflaje tiende a ser más desarrollado— reciben durante años diagnósticos de ansiedad o depresión antes de que se identifique el autismo como parte de la explicación de fondo.
Qué hacer si te identificas con varias de estas señales
Estas señales no son una herramienta de autodiagnóstico: identificarse con una o varias no equivale a tener autismo, y el diagnóstico formal requiere una evaluación clínica especializada, generalmente con un psicólogo o psiquiatra con experiencia específica en el espectro autista en adultos.
Sin embargo, si varias de estas señales resuenan de forma consistente y a lo largo de toda la vida —no solo en una etapa puntual—, puede ser razonable buscar una evaluación profesional, sobre todo si hasta ahora solo se había explorado el tratamiento de la ansiedad o la depresión sin que eso resolviera del todo la sensación de esfuerzo constante para “encajar”.
Fuentes
- Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M-C., & Mandy, W. (2017). “Putting on My Best Normal”: Social Camouflaging in Adults with Autism Spectrum Conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519-2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5
- Cage, E., & Troxell-Whitman, Z. (2019). Understanding the Reasons, Contexts and Costs of Camouflaging for Autistic Adults. Journal of Autism and Developmental Disorders, 49(5), 1899-1911. https://doi.org/10.1007/s10803-018-03878-x
- Raymaker, D. M., Teo, A. R., Steckler, N. A., Lentz, B., Scharer, M., Delos Santos, A., & Nicolaidis, C. (2020). “Having All of Your Internal Resources Exhausted Beyond Measure and Being Left with No Clean-Up Crew”: Defining Autistic Burnout. Autism in Adulthood, 2(2), 132-143. https://doi.org/10.1089/aut.2019.0079
- Hull, L., Mandy, W., Lai, M-C., Baron-Cohen, S., Allison, C., Smith, P., & Petrides, K. V. (2019). Development and Validation of the Camouflaging Autistic Traits Questionnaire (CAT-Q). Journal of Autism and Developmental Disorders, 49(3), 819-833. https://doi.org/10.1007/s10803-018-3792-6

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