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¿Cómo regañar a tu hijo de una manera constructiva?

El propósito final que deben tener los regaños y llamados de atención que hacemos a nuestros hijos, es el de corregir tempranamente una conducta incorrecta.

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Para lograr alcanzar esta meta, el regaño debe perseguir una enseñanza y no quedar solamente en el acto represivo.

En diversas ocasiones, muchas veces producto de los niveles de estrés, resulta una acción casi automática regañar a nuestros niños y por lo tanto, se hace la reprensión irreflexivamente y sin evaluar la funcionalidad del regaño; perdiéndose así el carácter educativo que debiera prevalecer.

Cómo regañar de manera constructiva a nuestros hijos

Es prudente que no pasemos por alto el hecho de que los niños a temprana edad, no distinguen con facilidad lo que es correcto y lo que no lo es; por lo que el deber principal de nosotros como padres es, precisamente, el de enseñarles estas diferencias de una manera asertiva.

Por lo general, cuando reprendemos a nuestros hijos, asumimos intrínsecamente que tenemos plena razón y conocimiento de causa, sobre todo lo relacionado a cómo debería ser  su comportamiento, y quizás no estemos tan errados.

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El detalle en este asunto está en cómo hacemos ese llamado de atención.

Si conseguimos aprender a regañar a los niños constructivamente, entenderán con más facilidad el motivo de la reprensión sin causarles un detrimento en su autoestima, y logrando que crezcan como personas con enseñanzas aprendidas de forma positiva.

Seguidamente, algunos consejos para aprender a reprender con responsabilidad:

1. Valora la autoestima del niño

  La personalidad en los niños de corta edad se encuentra en un proceso de formación y consolidación, de las estructuras emocionales que la determinarán.

En esto, juega un papel fundamental su autoestima, la cual debe ser fortalecida a través de una comunicación equilibrada y sin desmotivaciones.

El llamado de atención es de por sí un acto comunicacional correctivo, que tendrá un efecto positivo mientras se efectué con mucho tacto y en el entendimiento de enmendar una conducta.

2. Evita reprenderlo públicamente

 Las reprensiones en público tienden a avergonzar a los niños, y pudiesen convertirlos en el blanco de burlas y chanzas por parte de sus amigos o compañeros.

Esto podría generar en ellos una actitud rebelde, producto de la vergüenza que sentirán al ser regañados y evidenciados ante los demás.

Adicionalmente, esto afectará de una forma negativa en su autoestima y con las consecuencias que repercutirían en el desarrollo de su personalidad.

3. Las comparaciones son indeseables

  Las comparaciones suelen ser muy injustas y en ocasiones, los niños podrían conocer mejor que nosotros mismos,  a la persona con la cual están siendo comparados; sobre todo si no son todo lo ideal que nosotros creemos.

Solo lograríamos crearles serias dudas sobre lo que es correcto y lo que no.

Por otro lado, cada niño tiene sus propias destrezas y carencias, por lo que no agregaremos valor al querer compararlos con el resto de sus amistades o sus hermanos

4. Hay que predicar con el ejemplo

Si lo que pretendemos es conseguir un cambio de conducta en nuestros hijos, debemos convertirnos en el espejo donde ellos se reflejarán.

Nuestros hijos nos observan constantemente y a nivel del subconsciente, se le van grabando patrones de conducta que poco a poco irán imitando.

Entonces, si los vamos a reprender por alguna causa, debemos autoevaluarnos para ver si acaso nosotros mismos no hemos sido los precursores de la falta.

La coherencia en estos casos es fundamental, porque nos sirve de guía para que nuestra actitud y niveles de exigencias se mantengan alineados y no causen confusión.

5. Una falta no es el fin del mundo

 Los extremos siempre son contraproducentes y magnificar situaciones, solo causa confusión en los niños, no permitiéndoles entender que hay diferentes niveles de  faltas y que no todas acarrean las mismas consecuencias.

Lo sensato es que ha medida que el niño vaya creciendo e incurra en infracciones, ir enseñando el porqué no es adecuada su conducta y las eventuales consecuencias que pudieran ocasionarle su comportamiento.

Esto le irá enseñando a valorar en su justa medida, las acciones u omisiones en las que incurra y que sean motivo de sanción.

6. Evalúa el mensaje

Está comprobando que un mal comportamiento puede ser en realidad, una forma del niño para llamar la atención.

Una conversación con amplitud de criterio podría ser la solución para corregir una conducta indeseada, buscando en el fondo y no en la forma la causa del mal comportamiento.

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Martin Garello

Martin Garello

Martín Garello es el fundador de Vida Lúcida. Es escritor y Editor del portal Mente Asombrosa. Un apasionado por la Psicología y la salud mental, con la clara idea de informar sobre temas relacionados al crecimiento y el desarrollo personal.

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