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Cómo duele el abuso verbal
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Por qué duele tanto el abuso verbal

«El problema con el abuso verbal es que no hay evidencia», dijo Martha. Había venido a buscar ayuda para la depresión a largo plazo que estaba enfrentando. «¿Qué quieres decir con falta de pruebas?», le pregunté. «Cuando las personas son abusadas física o sexualmente, parece que es real. Pero el abuso verbal es amorfo. Siento que si le digo a alguien que he sido abusada verbalmente, pensará que solo me estoy quejando de que me ha gritado”, explica Martha.

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«Es mucho más que eso,» le aseguré. «El problema es que nadie puede ver mis cicatrices». Sabía intuitivamente que su depresión, ansiedad e inseguridad arraigada eran heridas creadas por el abuso verbal que había sufrido. «Ojalá me hubiera pegado», solía decir Martha. «Lo sentiría más real». Su declaración fue espeluznante y casi me hizo llorar.

El abuso verbal es mucho más que discutir o gritar

Martha me dijo que había muchas razones por las que los arrebatos de su madre eran tan traumáticos para ella:

  • El volumen de su voz.
  • Su tono penetrante.
  • La mirada de odio en sus ojos.
  • Las expresiones críticas y despectivas de su rostro.
  • La larga duración – a veces, le gritaba durante horas.
  • Definiciones e insultos.
  • Los estímulos impredecibles que provocaban los arrebatos.
  • Y lo peor de todo: abandono y descuido.

Tales arrebatos cambian la mente, el cerebro y el cuerpo de muchas maneras. Aumentan la actividad de la amígdala (cerebro emocional), aumentan las hormonas del estrés circulatorio, la tensión muscular y mucho más. Tales fenómenos cambian la forma en que pensamos y sentimos acerca de nosotros mismos, incluso después de que hemos crecido y nos hemos ido de casa. Esto se debe a que nuestro cerebro está conectado de acuerdo con nuestras experiencias: literalmente escuchamos las voces de nuestros padres en nuestras cabezas, incluso cuando no están allí. Martha tuvo que tratar todos los días de repeler estas voces de su mente.

La investigación sobre el vínculo entre el bebé y la madre confirma lo que instintivamente sabíamos: a las personas les va mejor cuando se sienten seguras, cuando se sienten amadas, lo que automáticamente significa que han sido tratadas con respeto.

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Lo nuevo para nosotros es que nacemos con emociones básicas completamente maduras, como la tristeza, el miedo y la ira. Cuando, por ejemplo, el miedo a un entorno hostil se activa constantemente, como cuando alguien grita constantemente, el cuerpo y las emociones responden automáticamente, creando un estrés traumático en un niño.

El estrés en el cerebro y el cuerpo aumenta con cualquier cosa que parezca amenazante, como voces fuertes y enojadas, ojos enojados, gestos agresivos y más. A los niños les va mejor cuando están tranquilos. Cuanto más tranquilos y conectados estén con su cuidador, más tranquilos y seguros se sentirán y más sanos se desarrollarán su cuerpo y su cerebro.

Lo que los padres deben tener en cuenta

Aquí hay algunas cosas que los padres deben tener en cuenta para ayudar a que el cerebro de sus hijos se desarrolle de manera segura:

Los niños tienen necesidades emocionales que requieren un cuidado adecuado. En general, cuanto más se satisfagan estas necesidades, más fácil será para un niño volverse resiliente como adulto.

Al aprender sobre las emociones básicas, los padres podrán enseñarle a su hijo a manejarlas con más éxito.

  • Se puede influir en la autoestima del niño siendo educado, compasivo. Estar realmente interesado en conocer el mundo del niño.
  • Cuando se produzca una fisura en la relación entre los padres y los hijos, como suele ocurrir durante los conflictos, los padres deben tratar de restablecer cuanto antes la conexión afectiva con el niño.
  • Los padres pueden ayudar a su hijo a sentirse seguro, permitiéndole separarse de ellos y convertirse en una persona completa e independiente. Aceptarlo nuevamente con amor y cuidado, incluso si alguno de los padres está enojado o frustrado por su comportamiento. Se pueden discutir con calma las preocupaciones sobre ellosl y aprovechar estas oportunidades para enseñarle algo.

Como padre, no es fácil controlar siempre la ira o darse cuenta de que ésta está por encima del límite y está en el reino enfermizo del abuso verbal. Hay una gran diferencia entre ser «un poco estricto» y lastimar mentalmente a nuestros hijos.

Aquí también necesitas ser consciente de tu comportamiento: escucha el tono de tu voz, las elecciones de palabras y observa tu lenguaje corporal. Los niños pequeños, que pueden reaccionar con dureza, a la defensiva o con indiferencia a nuestras acciones, son nuevamente vulnerables al trauma.

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