Este síntoma después de los 40 podría anticipar tu riesgo de demencia, según la ciencia

Demencia-síntoma-temprano

A partir de los 40 años, hay un cambio silencioso que muchas personas normalizan durante años antes de hacer algo al respecto: la pérdida auditiva. Subir el volumen de la televisión, pedir que le repitan las cosas, o dejar de participar en conversaciones grupales por el esfuerzo que representa seguirlas son señales que se suelen atribuir simplemente a “la edad”.

Pero la Comisión Permanente de The Lancet sobre Prevención, Intervención y Cuidado de la Demencia —un grupo internacional de expertos que revisa periódicamente la evidencia mundial sobre este tema— ha identificado a la pérdida auditiva de la mediana edad como uno de los factores de riesgo modificables más importantes para el desarrollo de demencia.

Una cifra que pocas personas conocen

Actualmente, alrededor de 1,500 millones de personas en el mundo experimentan algún grado de pérdida auditiva, cifra que se estima llegará a 2,500 millones para el año 2050.

En Estados Unidos, casi la mitad de las personas mayores de 65 años vive con este problema. Y según el análisis acumulado de la Comisión Lancet, atender la pérdida auditiva de mediana edad es una de las intervenciones individuales con mayor potencial para reducir el riesgo de demencia a nivel poblacional, dentro de una lista de 14 factores modificables que en conjunto podrían prevenir hasta 45% de los casos.

¿Por qué el oído y el cerebro están tan conectados?

Cuando el cerebro tiene que esforzarse constantemente para descifrar sonidos poco claros, ese esfuerzo consume recursos cognitivos que de otra forma se destinarían a la memoria y la atención — una especie de “impuesto” silencioso sobre la capacidad mental disponible.

A esto se suma el efecto de la privación sensorial: con menos estímulo auditivo llegando al cerebro de forma constante, ciertas regiones relacionadas con el procesamiento del sonido reciben menos actividad, lo cual se ha vinculado con cambios estructurales cerebrales a largo plazo.

La pérdida auditiva también favorece el aislamiento social, y el aislamiento es, de forma independiente, otro factor de riesgo reconocido para la demencia — de modo que ambos efectos pueden reforzarse entre sí.

La solución con la evidencia más sólida hasta ahora

Aquí está la parte más importante y menos conocida de esta historia: la evidencia de mayor calidad disponible sobre si corregir la audición realmente ayuda no viene de estudios observacionales, sino de un ensayo clínico aleatorizado real, el estudio ACHIEVE, publicado en The Lancet.

En este tipo de diseño —el estándar más riguroso en investigación médica—, los participantes con pérdida auditiva se asignaron al azar a recibir una intervención auditiva (audífonos y acompañamiento audiológico) o solo educación general de salud, y se les dio seguimiento a lo largo del tiempo para medir el declive cognitivo.

El hallazgo principal fue matizado pero relevante: en el grupo general del estudio no hubo una diferencia significativa, pero en el subgrupo de participantes con mayor riesgo de deterioro cognitivo de base (personas de mayor edad y con más factores de riesgo cardiovascular), la intervención auditiva redujo el declive cognitivo en aproximadamente 48% a lo largo de tres años, comparada con el grupo control.

Es un resultado importante porque, a diferencia de estudios puramente observacionales, este diseño permite hablar de una relación con mayor peso causal, no solo de una asociación estadística.

Una aclaración necesaria sobre este tema

Vale la pena mencionarlo con transparencia: un estudio anterior, muy citado en su momento, que reportaba que el uso de audífonos igualaba el riesgo de demencia al de personas con audición normal, fue retractado por la propia revista The Lancet Public Health en 2023, después de que los autores identificaran un error en su análisis estadístico que invirtió los resultados.

Esto no invalida la relación general entre pérdida auditiva y riesgo de demencia —que sigue bien respaldada por la Comisión Lancet y por el ensayo ACHIEVE—, pero sí es la razón por la que hoy existe más cautela científica sobre qué tan grande es específicamente el beneficio de los audífonos, y por la que la evidencia del ensayo clínico controlado (ACHIEVE) es la que debe pesar más que estudios observacionales individuales.

Medidas que podrías tomar con esta información

Si notas señales de pérdida auditiva —pedir que te repitan las cosas con frecuencia, subir el volumen más de lo habitual, dificultad para seguir conversaciones en ambientes ruidosos—, vale la pena una evaluación audiológica, especialmente después de los 40 años.

No se trata de una garantía de prevenir la demencia por completo —es un factor entre varios, no el único determinante—, pero sí es, según la evidencia actual, una de las intervenciones modificables con mejor respaldo científico dentro de todo lo que sabemos hoy sobre salud cerebral a largo plazo.

Referencias

  1. Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., et al. (2024). Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet.
  2. Lin, F.R., Pike, J.R., Albert, M.S., et al. (2023). Hearing intervention versus health education control to reduce cognitive decline in older adults with hearing loss in the USA (ACHIEVE): a multicentre, randomised controlled trial. The Lancet, 402(10404), 786-797.
  3. The Lancet Public Health. (2023). Retraction—Association between hearing aid use and all-cause and cause-specific dementia: an analysis of the UK Biobank cohort.
  4. Mur, J., Klee, M., Muniz-Terrera, G., Leist, A.K. (2023). No evidence for a protective role of hearing aids for the risk of dementia in UK Biobank: a response to Jiang et al.

Deja un comentario