La pareja escucha un grito y se despierta. A su lado, alguien mueve los brazos como si se defendiera de un ataque. Por la mañana, recuerda un sueño en el que lo perseguían, pero apenas sabe qué ocurrió en la habitación.
Cuando estos episodios se repiten, pueden corresponder a un trastorno de conducta del sueño REM. En esta alteración, la persona llega a representar físicamente parte de lo que está soñando.
Los especialistas prestan atención a esta señal porque, en algunos casos, aparece años antes de enfermedades como el párkinson o la demencia con cuerpos de Lewy. También porque los movimientos pueden provocar lesiones mucho antes de que exista cualquier otro problema.
¿Qué debería ocurrir en el cuerpo mientras soñamos?
Durante la fase REM, el cerebro mantiene una actividad intensa y se producen muchos de los sueños más vívidos. Al mismo tiempo, normalmente disminuye de forma marcada el tono de buena parte de los músculos.
Esa reducción del movimiento funciona como una protección: permite soñar que corremos sin levantarnos a correr por la habitación.
En el trastorno de conducta del sueño REM, esa inmovilidad muscular normal se pierde parcial o completamente. Pueden aparecer golpes, patadas, gritos o movimientos relacionados con el sueño.
No todos los episodios son espectaculares. A veces, quien duerme al lado observa gestos repetidos o conductas que inicialmente interpreta como una mala noche. La persona afectada puede desconocer lo que hace mientras duerme.
La conexión con ciertas enfermedades del cerebro
La demencia con cuerpos de Lewy está relacionada con depósitos anormales de una proteína llamada alfa-sinucleína. Estas alteraciones pueden afectar distintas funciones, entre ellas el movimiento, la atención y el sueño.
Según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, el trastorno de conducta del sueño REM aparece en algunas personas años antes que otros síntomas de esta enfermedad.
La asociación también se observa con el párkinson. Los cambios nocturnos pueden ofrecer una pista temprana porque los circuitos que regulan el sueño pueden alterarse antes de que otros problemas resulten evidentes.
Esto explica por qué una consulta por movimientos al dormir puede dar lugar a una evaluación neurológica, incluso si la persona mantiene su autonomía y no nota fallos importantes de memoria.
Qué significa realmente el riesgo encontrado en los estudios
Un estudio internacional publicado en Brain siguió a 1.280 personas con este trastorno confirmado mediante un estudio del sueño y sin párkinson ni demencia al inicio.
Los investigadores estimaron que aproximadamente el 73,5 % desarrollaría un síndrome neurodegenerativo durante un seguimiento de 12 años. La muestra procedía de centros especializados y estaba formada mayoritariamente por hombres, con una edad media de unos 66 años.
La cifra corresponde a una población clínica muy concreta: personas con un trastorno confirmado que inicialmente se presentaba de forma aislada.
No puede aplicarse a cualquiera que hable dormido, tenga pesadillas o se mueva por la noche. Tampoco predice qué ocurrirá con una persona particular ni cuándo. Su utilidad es mostrar por qué merece seguimiento un diagnóstico bien establecido.
Las señales que conviene describir en la consulta
La información de quien comparte la habitación puede ser especialmente valiosa. Más que decir “duerme mal”, ayuda explicar lo que sucede:
- Movimientos que parecen representar una acción: defenderse, golpear, agarrar o correr.
- Gritos o conversaciones acompañados de movimientos.
- Caídas de la cama o golpes contra muebles.
- Episodios repetidos que coinciden con sueños intensos.
También importa aclarar cuándo comenzaron, con qué frecuencia aparecen y si hubo cambios de medicación.
Un ejemplo sería: “Durante el último mes ha golpeado varias veces la almohada mientras gritaba; al despertar, recuerda que intentaba defenderse”. Esa descripción aporta más información que atribuirlo de entrada al estrés.
Si ya ha habido lesiones, ese dato debe mencionarse desde el primer contacto médico.
Cómo se distingue de otros problemas del sueño
El diagnóstico necesita una valoración clínica y, habitualmente, una polisomnografía con vídeo realizada en una unidad del sueño. La prueba registra diferentes señales del organismo y permite comprobar qué ocurre durante la fase REM.
Otros problemas pueden parecerse, entre ellos ciertas parasomnias, la apnea del sueño o algunas crisis nocturnas. Determinados medicamentos también pueden estar implicados.
Por eso, un vídeo doméstico puede aportar información si se obtiene con seguridad, pero no sustituye el estudio. Tampoco basta un reloj que mida el sueño.
Una sacudida al quedarse dormido o una pesadilla ocasional, por sí solas, no establecen este diagnóstico. La combinación de antecedentes, observaciones y pruebas permite interpretar correctamente los episodios.
Qué puede hacerse desde que se identifica
El primer objetivo es reducir las lesiones: retirar objetos peligrosos cercanos, proteger esquinas y adaptar el entorno de descanso. El especialista también revisa enfermedades y tratamientos que puedan influir.
Cuando corresponde, existen opciones farmacológicas para disminuir los episodios, elegidas según la situación de cada paciente.
El seguimiento puede incluir preguntas sobre cambios en el movimiento, el olfato, la atención o el funcionamiento cotidiano. Su propósito es reconocer novedades y atenderlas de manera adecuada.
Consultar no significa recibir automáticamente un diagnóstico de demencia. Significa averiguar qué está ocurriendo durante el sueño, proteger a quien duerme y establecer un seguimiento proporcionado a los hallazgos.
Fuentes:
- Postuma y colaboradores. Riesgo de demencia y parkinsonismo en personas con trastorno de conducta del sueño REM aislado. Brain, 2019.
- Instituto Nacional sobre el Envejecimiento. Demencia con cuerpos de Lewy: causas, síntomas y diagnóstico.
- StatPearls, Biblioteca Nacional de Medicina. Trastorno de conducta del sueño REM: evaluación y tratamiento.

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