Una llamada que siempre recibe el mismo hijo. Un error que a uno se le perdona y a otro se le recuerda durante años. Un logro que despierta entusiasmo frente a otro que apenas merece una pregunta.
El favoritismo familiar puede expresarse en diferencias pequeñas, repetidas y difíciles de explicar. Con el tiempo, esas experiencias adquieren un significado: quién merece atención, quién debe esforzarse más y quién parece tener asegurado su lugar.
La distancia que generan estas diferencias puede continuar cuando los hermanos ya tienen su propia casa, trabajo e hijos. A veces, una discusión adulta contiene mucho más que el desacuerdo del momento.
Lo que cambia cuando el cariño se vive como una competencia
Los hermanos no necesitan recibir exactamente lo mismo en todo momento. Sus edades, dificultades y circunstancias pueden requerir apoyos diferentes.
El conflicto aparece cuando esas diferencias se interpretan como una jerarquía estable de valor personal: uno es siempre el responsable, otro el brillante y otro el que decepciona.
En ese ambiente, un comentario como “tu hermana sí sabe estar pendiente” puede hacer algo más que expresar una preferencia. Introduce una comparación en una relación que ya tenía su propia historia.
Pensemos en dos hermanos que visitan a sus padres. Uno llega después del trabajo y recibe reproches; el otro aparece unos minutos y es celebrado. Lo que duele puede ser la sensación de que el esfuerzo nunca se evalúa con la misma medida.
Lo que encontraron los estudios sobre hermanos adultos
Una investigación publicada en Journal of Marriage and Family estudió a 708 hijos adultos de 274 familias. Encontró que tanto recordar favoritismo materno en la infancia como percibirlo en el presente se relacionaba con una menor cercanía entre hermanos.
Además, los recuerdos del trato desigual durante la infancia tuvieron más peso que las preferencias actuales al explicar la tensión entre ellos.
Esto ayuda a comprender por qué una persona puede reaccionar intensamente ante una situación que, desde fuera, parece menor. El episodio puede recordar una desigualdad anterior.
Las investigaciones muestran asociaciones, no una condena para todas las familias. Tampoco permiten afirmar que una única diferencia de trato vaya a romper un vínculo. Lo relevante es cómo se vive y se repite esa experiencia.
El hijo favorecido también puede quedar atrapado
Estar en el lugar preferido no garantiza una buena relación con los hermanos.
Un estudio con 341 hijos adultos encontró que percibir favoritismo del padre se asociaba con más tensión entre hermanos, independientemente de quién fuera el favorecido. En esa muestra, el favoritismo materno no mostró la misma asociación, lo que recuerda que cada contexto familiar importa.
El hijo preferido puede convertirse en el destinatario del resentimiento por decisiones que no tomó. También puede defender automáticamente a sus padres porque su experiencia fue distinta.
Así surgen conversaciones bloqueadas: uno dice “siempre me trataron peor” y el otro responde “estás exagerando, fueron buenos padres”.
Haber recibido un trato diferente puede producir recuerdos diferentes de la misma familia. Escuchar al hermano exige dejar espacio para esa posibilidad.
Cuando los papeles infantiles siguen presentes
La independencia cambia las circunstancias, pero no siempre modifica la forma de relacionarse.
El hijo que era considerado autosuficiente puede seguir recibiendo menos preguntas sobre sus dificultades. El que necesitaba ayuda puede continuar ocupando el centro de las conversaciones. El que mediaba puede ser convocado cada vez que surge un desacuerdo.
Estas escenas permiten reconocer cómo una comparación antigua puede reaparecer con nuevos asuntos: dinero, visitas, decisiones familiares o atención a los padres.
Por ejemplo, discutir quién organiza una cita médica puede terminar en un reproche sobre quién “siempre tuvo todo más fácil”. La conversación deja de tratar únicamente sobre la tarea pendiente.
Nombrar ambos planos permite entender mejor el conflicto: hay una decisión que resolver ahora y una experiencia anterior que también necesita ser escuchada.
El malestar no siempre desaparece con los años
Otro trabajo, basado en 746 hijos adultos de 293 familias, encontró que recordar trato materno desigual durante la infancia y percibir una relación actualmente más conflictiva con la madre se asociaba con más síntomas depresivos.
Los resultados no fueron iguales para todas las formas de favoritismo. Percibir mayor cercanía emocional actual no mostró esa asociación en ese análisis.
Esto sugiere que importan tanto la historia como el tipo de diferencia que se experimenta. No es lo mismo admirar una afinidad entre dos familiares que sentirse habitualmente rechazado.
En la vida cotidiana, esa herida puede expresarse mediante distancia o conversaciones breves. Una persona puede dejar de compartir sus logros porque anticipa una comparación, o evitar encuentros que suelen acabar en reproches.
Cómo evitar que la comparación dirija toda la relación
Una conversación entre hermanos puede empezar por experiencias concretas: “Cuando ocurrió aquello, me sentí solo” ofrece más espacio que “tú siempre fuiste el consentido”.
También ayuda distinguir lo que hizo cada persona. Recibir más atención durante la infancia no equivale a haber diseñado esa desigualdad. En la adultez, sin embargo, cada hermano puede decidir si continúa alimentando comparaciones o participa en acuerdos más claros.
Los padres pueden contribuir escuchando sin exigir que todos recuerden lo mismo, reconociendo diferencias y evitando usar a un hijo como ejemplo para corregir a otro.
Cuando los encuentros se convierten repetidamente en discusiones, la terapia familiar puede ofrecer un espacio para abordar el conflicto.
Los hermanos pueden construir una relación que no dependa de quién recibe más aprobación. Para hacerlo, necesitan conocerse también fuera de los lugares que ocuparon en su familia de origen.
Fuentes consultadas:
- Suitor y colaboradores. Favoritismo materno percibido y relaciones entre hermanos en la mediana edad.
- Gilligan y colaboradores. Favoritismo de madres y padres y tensión entre hermanos adultos.
- Peng, Suitor y Gilligan. Trato materno diferencial y bienestar psicológico de los hijos adultos.

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